viernes, 12 de marzo de 2010

Buenos días


Te levantas por la mañana, vas al baño y te miras al espejo, te mesas el pelo, revuelto de toda la noche. Enciendes la radio y chasqueas la lengua al oír las últimas propuestas económicas. Entras en la ducha y piensas que querrías quedarte ahí para siempre, o si no para siempre, al menos hasta que se arruguen tus dedos, como cuando eras niña. Y sales y te miras de nuevo en el espejo, empañado del vaho. Peine, dientes, crema, desodorante. Último vistazo y el tráfico sigue en la radio. Llegas a la habitación y te vistes, buscas el bolso negro debajo de una montaña de ropa. Buscas los zapatos y encuentras las deportivas. Me las pongo, piensas. Pero no puedes, la política de empresa. Y te sientas en la cama con tus deportivas en la mano, gastadas de cafetería de facultad, de fiesta de jueves y que ya sólo ven la luz del día y la noche los fines de semana y preguntas qué ha pasado, que no te has dado cuenta. Y en la radio sigue lloviendo.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Wii vintage


Lo que hace la gente cuando se aburre...

lunes, 8 de marzo de 2010

Por la mañana

Hay veces que una piensa que la locura se cierne sobre ella y que cuando aterrice del todo la va a liar parda. Esto en una ciudad como la que vivo sucede más veces de las que puedo contar. Hay mañanas en que una sale del metro y ve como una marabunta de ñus asilvestrados se le viene encima y sólo puede encogerse, hacerse una bola y esperar que pasen los salvajes para poder subir las escaleras mecánicas camino del trabajo y dar gracias a quien sea por seguir viva.

Hoy no era una de esas mañanas. Hoy yo era Rambo y el metro Vietnam. Y cuando un desaprensivo me pegó tal empujón que si lo ve mi madre lo denuncia, yo me di la vuelta y le insulté. Él no me oyó, pero yo le insulté. Le habría pegado. Habría sacado al hooligan que llevo dentro y le habría pateado el estómago al grito de “¿qué? ¿te gustan los empujones? ¿te gustan?” pero mi código ético no me lo permite y además me habría manchado de sangre los zapatos. Por eso el insulto fue mi arma. En alto, para que se enterase. Porque amiguitos, la violencia no sirve de nada, pero una se queda mucho más tranquila si de vez en cuando insulta al que se lo merece.

La teoría del insulto es la misma que la del cotilleo: ¿está bien? No. Pero ¿y lo a gusto que te quedas? ¿Es que eso no cuenta? Pues el insulto controlado tiene el mismo efecto placebo. No sirve para nada, pero te quedas más tranquila. Yo, por si acaso, después del insulto apuré el paso para esconderme con los demás ñus. No vaya a ser que el energúmeno se dé por aludido y me responda. No es cobardía, es prudencia.

Inauguración

Hoy, 8 de marzo de 2010, queda inaugurado este blog. Es algo así como el vigésimo octavo que abro, pero los demás se quedaron en el camino. No soy una persona constante, por lo que no me atrevo a afirmar que este tendrá una vida más larga que sus antecesores. Pero bueno, seamos optimistas.

¿Por qué “Más ancha que larga”? Porque así me voy a quedar el día que diga todo lo que quiero decir y entonces se cagará la perra y todos me mirarán raro, como a la señora que ayer en el metro hablaba sola, pero yo seré mucho más feliz. Porque es una frase que me gusta. Y porque hoy hace sol.

Y además, si Sandra Bullock puede ganar un Oscar, yo puedo hacer lo que me venga en gana. Eso es lo que pretendo con este blog, hacer lo que me dé la real gana. No será un diario cursi, ni una crítica ácida de la sociedad y política actual. Tan sólo un desahogo (“desahogá” me voy a quedar, que diría Carmina, que en paz descanse). Pues eso. Ahí quedáis. Bienvenidos todos. Tomaos los canapés rápido que si no os subirá el champán.